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Literatura INTERACTIVO
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René Descartes Primera
parte.
En esta primera parte Descartes define, en primer lugar, lo que él llama
razón o buen sentido como “la facultad de distinguir lo verdadero de lo
falso”, que, a su juicio, es igual en todos los hombres. Por lo tanto no
existen para él, en este sentido, diferencias individuales: todos poseemos la
misma capacidad de razonamiento. Atribuye entonces la diversidad de opiniones y
claridad de conocimientos no a unas diferencias naturales en la capacidad de
razonamiento, sino al uso que cada hombre hace de la razón. El ejercicio
intelectual lleva por distintos caminos a distintas opiniones y puntos de vista,
ya que no todos los individuos lo utilizan por igual.
Por otra parte, Descartes destaca la razón como “la única cosa que
nos hace hombres y nos distingue de los animales”. La nitidez y distinción de
ciertas ideas es una muestra o consecuencia del buen uso de la razón. Mediante
ésta, Descartes cree haber llegado a formar un método único que tiene como
finalidad aumentar gradualmente el conocimiento hasta los límites de lo
posible. Al mismo tiempo cree también haber sacado provecho del método, acercándose
cada vez más y por medio de él a la verdad. Propone este método como el único
y correcto modo de alcanzar tan alta meta propuesta por todos los hombres.
Descartes estaba convencido de que la labor científica no requería
extraordinarias capacidades geniales, sino sólo un riguroso y paciente
ejercicio del intelecto común, ateniéndose a las reglas del método propuesto.
En esta primera parte del discurso empieza también el relato autobiográfico
acerca del hallazgo cartesiano del método. Desde
un principio (en su niñez), a Descartes le presentaron el estudio de las letras
como la forma de adquirir un conocimiento claro y seguro, en otras palabras, la
verdad sobre las cosas, que le serían de gran utilidad en la vida. Al finalizar
sus estudios, el filósofo descubre que tales conocimientos no le proporcionaban
en modo alguno lo que esperaba, y numerosas dudas le embargaban en contra a las
predicciones previas. Aunque apreciaba en gran manera los diversos estudios o
ciencias, y veía algunas ventajas en cada uno de ellos, pesaban demasiado los
inconvenientes. Tras haber recorrido casi todos los campos de las ciencias y las
letras de su tiempo, hay una valoración positiva por su parte de la experiencia
que le permitió discernir entre las doctrinas falsas o dudosas de otras más
fiables. Así Descartes estimaba por encima de todas las demás la elocuencia,
la poesía y las matemáticas. Hace también consideraciones sobre la Teología
de la que pensaba que al estar basada en verdades reveladas éstas no pueden ser
tocadas por razonamientos humanos. Invalidaba toda la filosofía anterior ya que
a pesar de haber sido cultivada por los mayores genios de todos los tiempos, se
había llegado a conclusiones opuestas y dudosas, cuando la verdad era única.
La filosofía no aportaba certezas (imposibilidad de dudar) y por lo tanto es
rechazada como parte de su duda metódica. Las Matemáticas despertaban en
Descartes una gran admiración por la certeza o evidencia de sus razones. Sin
embargo, descalifica a la Física que, aún teniendo cimientos tan sólidos y
ciertos como los matemáticos, incurría en nuevos errores. En
base a toda esta desconfianza, Descartes abandona el estudio de las letras para
buscar la ciencia que podía hallar únicamente en sí mismo y en lo que el
mundo podía enseñarle, y tomarla como apoyo, en sustitución de las falsedades
que había aprendido. En lugar de encerrarse en su tierra de origen y en sus
libros como otros estudiosos de su época, para especular y luego utilizar su
ingenio con el fin de probar algo establecido, decide viajar y recoger
experiencias. Aprendió, de este modo, a no creer en lo que se había aprendido
por costumbre; se libera de todo lo adquirido anteriormente en la medida de lo
posible, desembarazándose a la vez de muchos errores que podrían oscurecer la
razón en su propósito de alcanzar la verdad (distinguir lo verdadero de lo
falso, llegar a ideas claras y distintas).
Segunda
parte.
Durante
sus viajes y experiencias a lo largo de los años, Descartes llega a la conclusión
de que todo aquello construido o trabajado por varios era menos perfecto que lo
que una sola mente había elaborado. Consecuentemente, las ciencias de los
libros, cuyas razones sólo son probables y carecen de demostraciones, al
haberse compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de personas
diferentes, nunca estarían tan próximas a la verdad como los razonamientos de
un solo hombre de sentido. Por otro lado también pensaba que la educación que
nos es impuesta enturbia nuestra razón acercándola más a la de nuestros
padres, con lo cual nuestros juicios son menos puros y sólidos que si tuviéramos
el uso pleno de nuestra razón y nunca hubiéramos sido dirigidos más que por
ésta. En coherencia a estos razonamientos suyos, Descartes emprende la labor de
derrumbar todo conocimiento anterior para sustituirlo por otro nuevo, o al menos
el que tenía antes pero fundamentándolo siempre en la razón, única y
exclusivamente. Advierte el peligro de la aplicación de estas ideas (destruir
lo anterior para edificar algo más sólido) a otros campos, como la política. En
su camino hacia la búsqueda del método, Descartes resuelve ir con cuidado y no
apresurarse a dar pasos que pueden ser en falso. Finalmente emprende la tarea
partiendo de una duda de todo lo existente, una duda teorética. Su intención
se dirige hacia un método que reúna las ventajas de la filosofía, la lógica
y las matemáticas, y que a la vez prescinda de sus defectos. Decide partir de
unos pocos preceptos - escasos - pero a los que aplica rígidamente una serie de
pasos, cuidando especialmente no perderlos de vista en ningún momento: 1.-
Intuición primera o evidencia. No
admitir como verdadero nada a no ser que se supiera con evidencia que lo es.
Descartes decide no precipitarse y no admitir como certeza nada más que aquello
que se presentase como idea clara y distinta en su mente, sin duda de algún
tipo. 2.-
Análisis. División de las
dificultades que se examinan en toda su extensión, dividiéndolas en átomos de
conocimiento. 3.-
Síntesis. Conducción ordenada de los
pensamientos empezando por los objetos más simples (estos átomos de
conocimiento) para ir ascendiendo gradualmente hasta llegar a otros más
complejos. De esta forma establece conexiones con otros y extrae derivaciones de
ellos. 4.-
Comprobación. Realizar comprobaciones
y cálculos concretos con el fin de asegurar la validez o certeza de los
procedimientos utilizados.
Descartes cree que de esta forma es posible llegar a todas las verdades
cuyo conocimiento sea posible, y considera que éste debe de ser el modo de
proceder de las ciencias.
Antes de alumbrar lo que sería su primera evidencia y con la finalidad
de obtener un mayor conocimiento de las cosas, Descartes se centra en las matemáticas
intentando establecer los principios de la Matemática Universal. En sus
estudios destaca la geometría analítica, intento cartesiano de fusión del análisis
geométrico y álgebra.
Al centrarse en determinados principios matemáticos simples, Descartes
comprueba que, en efecto, es posible llegar a conclusiones más complejas con
relativa facilidad, al mismo tiempo que a la delimitación del conocimiento y
los medios que debían emplearse para resolverlos. Pero por encima de todo,
estas profundizaciones en el tema le ayudaron a asegurarse de dos cosas: a)
Tenía la seguridad de que
empleaba la razón en cada proceso todo lo posible. b)
Se
acostumbraba a concebir los objetos con mayor claridad y distinción, gracias a
la aplicación de la lógica matemática a todos los campos (versatilidad). A
pesar de ello y conforme a sus convicciones, decide no someter a examen toda la
realidad, al no poseer una evidencia primera de la cual partir. Decide recoger
experiencia para establecer estos principios básicos indudables que deberían
ser base de la filosofía, y ésta a su vez de la matemática.
Cuarta
parte.
Descartes,
en su camino hacia el encuentro con la certeza plantea ya la duda metódica:
rechaza como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera advertir la
menor duda. Intenta, de esta forma, ver si en realidad hay algo en su mente que
sea enteramente indudable. Somete a su duda todo lo existente, y poco a poco va
rechazando elementos y principios. Debido a esta postura escéptica que adopta,
son motivo de duda los siguientes: 1.-Rechaza
categóricamente y en primer lugar el conocimiento basado en los sentidos (y el
empirismo, por tanto), por inducirnos a errores en la mayoría de los casos,
cuando no en todos lo casos. No hay nada que pueda considerarse certeza en
ellos. 2.-
Plantea luego una expresión más radical de su duda metódica: la imposibilidad
de distinguir la vigilia del sueño. Todos los pensamientos que nos vienen
despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, por lo que no
podemos hallar certeza absoluta de que lo que percibimos es real y no un mero
producto de nuestra imaginación. La radicalidad de esta afirmación le lleva a
dudar de la existencia del mundo. 3.-
Creó luego la hipótesis del espíritu maligno, de extremado poder e
inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error.
Descartes resuelve entonces fingir que todas las todo lo que él había
adquirido como conocimiento hasta ahora era falso, al no poder asegurar que era
distinto de las ilusiones delos sueños. Pero tras un período escéptico,
Descartes dio con un principio que soportaba toda duda: “Cogito ergo sum” o
“pienso, luego existo”. Observa que es de lo único que puede estar
realmente seguro, y aparece ante él como una verdad, clara y distinta en su
mente. Halla en él el primer principio de la filosofía que estaba buscando. Justifica
así su propia existencia como ente pensante, que no necesita, para ser, de ningún
lugar en el que estar ni de ninguna cosa material. Establece una separación de
esto justificado (alma) y el cuerpo, que es mortal (al contrario del alma) y
menos fácil de conocer e importante que ésta.
A partir de esta primera idea es capaz de determinar definitivamente que
el criterio de aceptación de una proposición como verdad es claramente la
nitidez con la que ésta se presente en tu mente, estando la dificultad en saber
cuáles tienen una presentación clara y cuáles no.
Reflexiona ,más adelante, acerca de su duda. Si en sí mismo hay duda,
por ser ésta menos perfecta que la verdad, tuvo que aprender por algo a pensar
en algo más perfecto que él. Por lo tanto debe existir alguna naturaleza sin
defecto, más perfecta, de la que él dependiese y de quien hubiese adquirido
todo cuanto poseía. Este ser más perfecto no podía proceder de la nada (lo
menos perfecto); tampoco de él, porque si no él debería tener esas cualidades
perfectas que no posee (ser infinito, eterno, inmutable,…). Atribuye a Dios
todas las buenas cualidades y no las malas. Al hacer Descartes una clara
distinción entre la naturaleza inteligente y la corporal, con cierta carga
negativa hacia el concepto de corporeidad debido a la dependencia, tampoco se la
atribuye a Dios. De la misma forma deduce que estos cuerpos defectuosos e
imperfectos de la Tierra tendrían que regirse en todo momento por el poder
divino, hasta el punto de no poder subsistir sin él ni un solo instante.
Descartes fija su atención, después de esto, en la geometría y
resuelve que, aunque todas las afirmaciones en las que se basa son evidencias o
certezas, no encuentra nada que le demuestre la existencia de los objetos de su
estudio. Ej. Ve que la suma de los tres ángulos de un triángulo es igual a un
ángulo recto, pero no hay nada que le demuestre que en el mundo hay triángulo
alguno.
Seguidamente hace una crítica del empirismo señalando la limitación
con la que abordan las ideas cuya percepción sensorial no es posible(dice que
el hecho de que nunca hayamos visto a Dios o al alma no significa que no
existan). También indica lo
poco a lo que se puede llegar usando únicamente los sentidos ya que éstos
necesitan de la razón. Pide a los que dudan de la existencia de Dios y confían
en la de las cosas materiales que tengan en cuenta que, tal y como los vemos
ahora, estos objetos aparecen en sueños engañándonos y haciéndonos creer que
son realmente verdaderos; ¿cómo sabemos entonces que lo que vemos cuando
estamos despierto no es falso también, como lo que se nos aparece durante el
sueño? Descartes cree que después de estas aclaraciones nadie puede rebatir esto a no ser que presuponga la existencia de Dios.
Retomando la definición de verdad como aquello que aparece con claridad
y distinción en la mente, deduce que todas estas verdades deben su existencia a
la propia existencia de Dios. Por lo tanto todas nuestras ideas o nociones
cuando son claras y distintas son verdaderas y reales porque proceden justamente
de la idea perfecta de Dios. Es
decir, nunca debemos dudar de aquello que vemos con claridad en nuestra mente
porque procede de Dios. Sin embargo cuando son confusas participan de la nada.
Por esta razón los sueños (confusos) son engañosos y no necesariamente
verdaderos; también en la vigilia el hay engaños (los astros parecen mucho más
pequeños de lo que son).
Debamos sólo guiarnos por la razón y sus evidencias, no la imaginación
y los sentidos, ni tampoco por aquellos que se aparecen en sueños, sino en lo
que pensemos durante la vigilia. También afirma que en los sueños o
imaginaciones se toman representaciones de los que vemos por los sentidos y se
ven mezcladas. La razón no nos dice que estas ideas o nociones sean verdaderas,
pero sí que deben tener algún fundamento de verdad, ya que no sería posible
que Dios, tan perfecto y bueno, las pusiera entre nosotros sin fundamento
verdadero alguno. Meditación
segunda:
De la naturaleza del espíritu humano; y que es más fácil de
conocer
que el cuerpo. Tras
admitir la afirmación “pienso, luego existo” como verdadera, Descartes
llega a la conclusión de que hay un espíritu
maligno encargado de engañarle, que constituye la tercera causa de duda
junto con las dos anteriores (las falacias de los sentidos y la imposibilidad de
distinguir la vigilia del sueño). Es un ser de extremado poder e inteligencia
que pone todo su empeño en inducirle a error. Pero así y todo, esto no
derrumba lo que será su certeza, ya que no cabe duda de que si le engaña, eso
quiere decir que existe como ente pensante. El problema ahora es que no sabe con
exactitud qué es. Recurre a lo que él pensaba de sí mismo antes de la duda
metódica: hace la distinción entre cuerpo
(destaca la cantidad de limitaciones al sólo comprender el mundo sensorial, y
tiene para él, por tanto, connotaciones negativas; esto podría guardar cierta
relación con Platón, que del mismo modo pensaba que el cuerpo era la prisión
del alma, etc.) y alma. Ahora duda de
si el cuerpo existe, pero no duda de la existencia del alma porque encuentra que
el pensamiento es el único atributo que le pertenece y que no puede separarse
de él. Luego razona: “pienso, luego existo”; por lo tanto si dejara de
existir, dejaría de pensar; por lo tanto existo, y soy una cosa que piensa (se
justifica como ente pensante). Sin embargo admite que aquellas cosas que
percibimos por los sentidos parecen ser más verdaderas que aquello que tenemos
en nosotros mismos, aunque sea paradójico.
Pone el ejemplo de un pedazo de cera extraído de la colmena que se
derrite al acercarse al fuego, pero sigue siendo cera al fin y al cabo, lo que
viene a representar a la esencia o al alma. Por lo tanto lo flexible, extenso, cambiante, es para Descartes, como lo era para Platón, engañoso y
cualidad de lo corpóreo. Por lo contrario, la cera en sí sólo puede ser
concebida por medio del entendimiento, por medio de una inspección del espíritu,
a pesar de los cambios que sufra aparentemente. Apunta esta cualidad de percibir
lo inmaterial de las cosas como exclusivo del hombre. Los cuerpos son sólo
propiamente concebidos por el entendimiento, no por los sentidos, y no los
percibimos mejor por tocarlos o verlos sino por concebirlos por el pensamiento.
Por esta razón nada es más fácil de conocer que el espíritu, desechando la
proposición anterior a estos razonamientos.
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